jueves, 25 de julio de 2013

El trato / En Peligro

Sujeta fuertemente el tubo de helada cerveza, dejando que las gotas de agua resbalen por sus dedos acariciándole, como único asidero a la realidad. Sentado a horcajadas sobre el mullido taburete sus ojos se pierden en la tostada piel de la mujer que ataviada con un pequeño tanga y unos tacones de vértigo baila para él.

Desde las alturas, agarrada a una barra de acero, mueve su sensual cuerpo en sinuosas piruetas que mantienen al sujeto bajo un hechizo del que no puede salir.

Unas mesas más abajo otro hombre se entrega por completo a la observación de otra hembra que con diferente tono de piel repite su mortal baile hipnotizando su mente como si de un niño se tratase.
La escena es dantesca y sigo sin comprender cuál es el significado de todo esto, que les falta a estos hombres para que tengan que caer en el hechizo de los bailes de mujeres que ni siquiera cruzan una palabra con ellos.

Mi bailarina, ajena a mis elucubraciones sigue contoneándose ante mí acariciando de vez en cuando con sus manos mi cara, para luego repasar de manera lujuriosa su propio cuerpo, como si restregase parte de mi esencia por sus pechos desnudos.

-Mónica, baja de una puñetera vez. Tú me has llamado porque querías hablar conmigo. Sabes que estos lugares no son de mi agrado. - Le insisto de nuevo para que se baje de la mesa y se siente a mi lado, cogiendo con una mano la suya y alertando al guardia que desde el fondo de la observación me mira. Sé que el gorila podría matarme con solo quererlo, pero soy suficientemente importante como para que se limite a ver como rompo una de las reglas que con tanto interés vigila. He tocado a una de las chicas...

Mónica por fin se deja de juegos y se tuba en un pequeño diván que se encuentra a mi lado permitiendo que su  cuerpo quede perfectamente visible a mis ojos y al alcance justo de mis manos.

-Hazme el amor... Estoy muy cachonda.- Me susurra al oído mientras acaricia mi pecho y mira de reojo al vigilante que en su rincón aguarda nervioso.-hazme el amor o grito que me has metido mano, y entonces ese tipo de allí se te comerá vivo.- Me susurra de nuevo mientras sonríe dejando que su aliento acaricie mi cuello.
Mi mano se posa en su cabeza mientras en que la otra se introduce dentro de la chaqueta para sacar una pequeña caja de metal que contiene unos pequeños cigarros. Delicadamente deslizo mis dedos dentro de ella y porto uno de esos cigarros a mi boca mientras que chasqueo los dedos de la otra mano para solicitar fuego del propietario del local que atentamente se precipita en encenderlo.

-No, cariño, no lo haría.-Le digo quedamente mientras sonrió al propietario.- Creo que me tiene más miedo que a su jefe.

Mónica se levanta y se queda frente a mí, con un pequeño movimiento de caderas deja que el pequeño tanga caiga al suelo dejando ante mi cara un pubis con una enorme marca roja en forma de flecha que lo cubre de abajo arriba inclinándose a la izquierda.

-Quien te ha dejado su firma Mónica? Acaso ahora tienes dueño? Pensé que siempre habías sido un pájaro libre.-

Miro atentamente al dueño del local descubriendo que la misma marca recorre su pecho en forma de tatuaje, el muy cabrón se ha atrevido a marcar a mi chica como si fuera una res de su propiedad, y al parecer lo ha hecho con algo candente.

El estúpido troglodita que me miraba sentado desde un rincón, con sus ciento cincuenta kilos de simio descerebrado continúa sentado en el pequeño taburete mientras que de un rápido giro de muñeca saco una pequeña hoja de cerámica y con ella degüello a su jefe dejando que ríos de sangre resbalen por su cuerpo al suelo.

Agarro por la cintura a Mónica y la porto cual saco de patatas, desnuda, solo con los zapatos de tacón y la horrible marca en su cuerpo. Mientras paso al lado de guardia que me mira sin saber si debe ayudarme o detenerme le espeto. -Tu no me has visto nunca y no sabes que le ha ocurrido a tu jefe, ve al aseo a consumir toda la coca que puedas para que la policía se trague que estabas colocado.- Y mientras obedece saco a Mónica de ese infierno metiéndola en mi coche.

Mientras conduzco saliendo del "paraíso" me pregunto qué coño ha hecho ahora esta mujer para meterse en problemas de nuevo. 

-Firmamos un trato perra.- Le susurro una vez que llegamos a su casa, mientras la tumbo en la cama y la cubro con una sábana. -Y tienes la obligación de cumplirlo.- 
Sentencio mientras, después de cerciorarme que se encuentra en buen estado de salud y recojo mi tridente (no me gusta salir a la calle con el). -Lo firmaste con tu sangre....

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