sábado, 20 de julio de 2013

La infiel

La noche la abruma, el alcohol ya instaurado en la sangre y las dos rayitas de coca que hace unos minutos a esnifado la mantienen en un estado de entusiasmo y excitación inmensos.

La luces de la discoteca la bañan en mil colores y dejan que su figura se transparente por el vestido de seda blanco en el que se ha enfundando. Un pequeño tanga y los zapatos de tacón son todo lo que porta, hoy ha salido sin bolso, el dinero lo guarda en un pequeño bolsillo del casi transparente vestido.

Un atractivo chico con la piel de ébano baila frente a ella, la camisa desabrochada deja ver un torno depilado y musculoso. Se acerca a ella bailando cada vez más pegado, dejando que sienta el contacto con su piel.

La besa delicadamente en el cuello y sus manos recorren su cuerpo delicadamente, la canción acaba y el la invita a tomar la última copa en su casa.

Esta desnuda, tumbada sobre la cama, el joven se encuentra a sus pies con un dedo gordo metido en la boca. Su exploración le conduce a través de los muslos besándole el sexo, humedeciéndola aún más, para continuar por el vientre y los pechos, acabando en la boca la cual violenta con su lengua.

El oscuro pene del joven se abre paso por la sonrosada vagina hundiéndose en ella más y más como si jamás fuera a acabar de entrar. Ella se asombra del tamaño del miembro del joven moreno y deja que poco a poco con un rítmico vaivén la penetre de dentro a fuera, de fuera a dentro abriendo un mundo de sensaciones que no conocia.

El joven es amoroso y la besa en el cuello, los pechos, la boca, mientras prosigue penetrándola suavemente hasta que nota como la temblorosa piel pálida de su piel transpira sexo y lujuria por doquier.

-Clávamela fuerte, hazme daño... Soy toda tuya haz de mi lo que quieras.- Le susurra al oído.
El ritmo se vuelve más cruel, más violento, pero a ella le gusta, jadea y suda, quiere más fuerte y termina por ponerse encima del joven siendo ella la que controla la profundidad con la que es penetrada. El traqueteo es tal que al llegar al orgasmo la cama se rompe y terminan los dos jadeantes en el suelo.

-Has terminado.- pregunta ella temerosa, no deseaba que hubiese acabado dentro de ella. El miedo al embarazo la asusta. -No, responde él. Podrías terminármelo con la boca.

Ella, que aún se encuentra muy excitada accede a la petición e introduce su pene en la boca saboreando cada rincón de este. Ayudándose con la mano y con la otra aferrando el glúteo del impresionante mulato deja que este termine eyaculando en su boca, sabiéndole a mil mieles el dulce producto de su trabajo.

Una vez ya en la calle, mientras pasea en dirección a su casa y con el sol despuntando al alba se sienta en un banco del paseo y rompe a llorar. Las dulces mieles del joven mulato ahora le saben a amarga hiel, y el suave olor masculino que antes le provocaba excitación ahora le produce asco y miedo.

Llegada a casa se desnuda y ducha lo mejor posible, sin hacer ruido, intentando pasar desapercibida. Se mete en la cama, aun son las seis de la mañana y se duerme con pequeños regueros de lágrimas aun recorriéndole la cara, junto a su esposo.

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