martes, 2 de julio de 2013

La ruptura y el comienzo de una nueva vida.


El último beso le dejo un sabor amargo, la frialdad del adiós acompañada por el desconsuelo.  Observando como su amor le abandonaba bajo la lluvia para siempre sin más explicación que un 'te dejo'.
Las siguientes semanas se convirtieron en un infierno de soledad y lágrimas, aferrada al almohadón. Ni sus más cercanos amigos pudieron hacerla sonreír,  y aquellos que en verdad la conocían sufrían su dolor en la distancia.

Pero llegó el día del cambio y en un glorioso momento de locura, un viernes de luna llena, se enfundo en el vestido más sexy que encontró a juego con el conjunto de lencería regalado hacía ya unos años,  tomo camino a la discoteca más cercana.

No tardó mucho en seducir al guapo moreno, que parecía mas ansioso en quedarse con sus bragas que en el contenido de las mismas. Un torpe amante pese al fanfarroneo previo. Ni tan siquiera la beso, ninguna caricia salió de sus manos. Se limitó a penetrarla dejándola dolorida y e insatisfecha.
Y allí habría acabado todo si no la hubiera vuelto a llamar días después y ella hubiese accedido a quedar en un bar cercano.

Esta vez venía acompañado por un amigo suyo, un hombre que habiendo cumplido los treinta no desmerecía y que se pasó la primera hora mirándola a los ojos como si buscase algo allí que no encontrase en otro lugar.
La conversación con los dos hombres fue agradable pero poco a poco el interés del nuevo amigo aumentaba de tal manera que su antiguo amante decidió continuar su caza en solitario dejándola a solas con él.

En un descuido la mano del hombre se posó sobre la suya, a lo que siguió una pequeña caricia en el hombro y un tímido beso en los labios. Algo eléctrico recorrió su cuerpo, mientras la mano enanillada del hombre le acariciaba lentamente la espalda.

Él era hombre casado pero no importo demasiado cuando se encontraron en su pequeño apartamento.
La desnudo despacio, como quien no desea realmente hacerlo, mientras las besaba por cada centímetro de su cuerpo. La tumbo en la cama y sus manos acariciaron cada recoveco de su cuerpo produciéndole descargas de placer. La penetro lentamente, saboreando cada pequeño trozo de espacio ganado que perdía momentos después. Pequeños mordiscos que dejaban trocitos de piel sonrosada alrededor de sus pezones mientras ella no podía dejar de jadear y gemir, orgasmo tras orgasmo hasta caer rendida y dormida junto a él. Se vistió dejándola allí, para no volverla a ver jamás pero recordarla para siempre.

2 comentarios:

  1. amargo y dulce a la vez.... me encanta
    scarlett

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  2. Me ha gustado mucho el post.

    Un estado de animo frágil da un giro de 180º y convierte a nuestra Mónica triste en un animal que busca únicamente su propio placer.

    ¿Un símbolo de una nueva etapa o sólo volver a sentirse deseada?

    Un saludo
    Dark Wolf

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