viernes, 12 de julio de 2013

La testigo.

Ataviada con un salto de cama transparente, braguitas a juego y un liguero que sujeta unas medias blancas de encaje abre la puerta esperando que esta vez sea su amante, un hombre de mediana edad atractivo y seductor que conoció apenas hacia dos meses.

Con una de sus mejores sonrisas adopta la pose que más sexy le parece mientras descorre el cerrojo para encontrarse que tras la puerta no se encuentra el hombre deseado, sino una jovencita que minutos antes en compañía de otra señora pretendía presentarle a Jesús.

La joven testigo de Jehová se encuentra plantada allí delante suya sin decir palabra, con evidentes mejillas sonrojadas. La falda que antes le cubría por debajo de la rodilla ha sido plegada y ahora deja ver gran parte de los muslos, la camisa blanca perfectamente abrochada ahora tiene dos botones desprendidos dejando que los pechos, voluminosos, ejerzan la presión necesaria para mostrar que se ha quitado el sujetador, el pelo antes recogido ha sido soltado y cae como cascada negra sobre los hombros, las pupilas dilatadas recorren a Mónica de arriba abajo con un más que aparente deseo.

-Pareces muy tímida. Entra, nos puede ver alguien.- Le dice Mónica mientras la sujeta de la mano y la obliga a entrar en el ático.

Una vez allí la desnuda lentamente para ver, no con sorpresa, que la chiquilla es coqueta y anda totalmente depilada. Mientras la besa en el cuello desde su espalda la joven se ruboriza y sus ya sonrosadas mejillas se tornan más rojas. Las manos de Mónica recorren las redondeces de la chiquilla, que apenas cumple 20 años.

Asiéndola de nuevo de la mano la conduce a la habitación donde la tumba en la cama para continuar besándola por todo el cuerpo, comenzando por el cuello, bajando lentamente a sus pechos y mordisqueándolos poco a poco, besando su obligo para finalmente hundirse entre sus piernas y saborear el agridulce reguero que la joven ha ido dejando caer por los muslos. Y finalmente besarle el sexo lamiéndole a conciencia.

La joven jadea precipitadamente y sujeta con fuerza las barras del cabecero de la cama dejándose hacer, acabando en una explosión de placer que otorga el orgasmo. Mónica cambia su postura y mientras continúa chupando y lamiendo el sexo de su joven amante ofrece el suyo propio siendo correspondida de igual manera.

El orgasmo llega al unísono, tan duradero y placentero que las deja en aquella postura exhaustas.
Pasados unos minutos, la joven, se incorpora y se viste, dejando como único sonido un beso en los labios de Mónica y desapareciendo de su vida.

-No ha dicho una palabra.- Pensó Mónica. -Tampoco era necesario, al final si me ha presentado a Dios...

1 comentario:

  1. Jaja....
    buen toque y final la frase "al final sí me ha presentado a Dios"
    carmen

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