viernes, 5 de julio de 2013

La visita.


La preciosa mañana discurre con tranquilidad. Tararea una canción que acaba de escuchar en la radio, algo en francés que no entiende pero que la enamora. 

Ataviada con un vestido plisado, de falda larga y grandes flores de colores como estampado, se afana por dejar su pequeño ático decente. Un moño sujeto con un palo que en su día mantuvo tiesa la enredadera que ahora yace mustia en el cubo de basura.

Esta nerviosa, él va a venir a verla, y desea que su casa se vea mínimamente habitable.
No es un amante, es un amigo, el marido de otra mujer, el padre de otros hijos. El amigo que hace por comprenderla y ayudarla.

Suena el timbre, el pequeño ático esta impoluto, en pie en medio del comedor observa la habitación.
Es pequeño, y lo sabe, apenas treinta metros cuadrados. Un comedor cocina que discurre de derecha a izquierda desde la puerta de entrada, sin pasillo. Un sofá viejo pero bien conservado en medio de la habitación y una pequeña mesa de madera con un feísimo jarrón con flores de plástico que le regalo algún amante. La cocina del siglo pasado aun funciona y está limpia, la nevera pequeña pero moderna guarda en su interior media docena de cervezas, compradas exclusivamente para esta visita.
El dormitorio pertenece de  igual manera al salón/comedor, solo un biombo japonés lo separa del resto. La gran cama de dos por dos está hecha, con sus almohadones estratégicamente posicionados, el armario antiquísimo cerrado y la ropa ordenada en su interior.
Suben las escaleras, son seis pisos por una estrechísima escalera por lo que le da tiempo a repasar de nuevo el estado de todo.

-Mierda, joder. No me he puesto bragas... - Exclama al darse cuenta del detalle olvidado.
-A mí no me importa. - La visita ha llegado y la observa desde la puerta que había quedado abierta ya hacia un rato. 

Con la boca abierta y las mejillas sonrosadas deja caer el trapo que sostiene en la mano. - Per, perdona. No sabía que habías llegado ya. Que desastre.... 

-Venga mujer no te preocupes por esos detalles que esto no es una inspección de hacienda, ni es necesario que te pongas los trapos más bonitos que tengas, ni montes este berenjenal en la casa solo por mi visita. Aunque me alaga. - Le dice, mientras se acerca  y la besa ligeramente en los labios.- Aunque lo de las bragas sí que ha sido interesante, no tengo ninguna intención de averiguarlo, aunque he de reconocer que me intrigaría mas el hecho de que llevases.-Mientras dice esto se encamina a la nevera, la conoce y sabe que habrá una cerveza allí esperándole. - Venga sentémonos y dime para que me has llamado. Tu jamás me invitarías a tu... como coño llamas a esto? Picadero, casa, hogar??? Alguna vez tuviste hogar?

Ella sabe que él es así, directo al asunto, sin importar el dolor que pueda ocasionar, no le importa mucho los sentimientos de los demás. Irónico en sus comentarios, hiriente en sus afirmaciones, desgarrador en sus críticas. Justo el tipo de hombre que la enamoraría, si no fuera porque ya le dijo que no en su día.

- Bien.- Dice mientras se sienta en el sofá.- No quiero que esto salga de aquí, pero voy a hacer una cosa, una cosa que cambiara la vida de muchas personas y probablemente me hará perder la mía. - Sus ojos se clavan en ella y decide sentarse más cerca de ella dejando olvidada la cerveza en la pequeña mesa, junto al jarrón. Sus manos ahora aferran fuertemente las suyas y la mira a los ojos denudándole el alma.- Me va a llevar tiempo. - continua.- y voy a necesitar tu apoyo incondicional. ¿Harás eso por mí?

Durante varios minutos él se queda en silencio mirándola, allí plantado, sujetando con fuerza sus manos en su regazo y con su cara a escasos centímetros de la de ella.

Ella mira sus labios, su boca, su lengua. Quisiera decirle que es una broma y morderle ese precioso morrito. Hacer el amor con él durante horas y olvidar para siempre su absurdo plan perdida en sus brazos. Pero sabe que no debe hacerlo, necesita su apoyo, por eso su corazón salta de alegría cuando esos labios, junto con esa lengua, se mueven al unísono pronunciando un claro .


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