lunes, 8 de julio de 2013

Las bolas chinas.

Bea era una mujer de blanca piel, tatuada por cientos de pecas que la recorrian a lo largo de todo su cuerpo; de generosos pechos y anchas caderas, y una exuberante melena rubia que le tapaba los hombros. Unos enormes ojos requemarcaban su cada y que habían hecho tragar saliva a más de un hombre.

Estaba casada con el hombre de su vida, un hombre apuesto que la amaba. El cuadro lo terminaba una hija pequeña que copaba la mayor parte del tiempo libre, que era mucho, de esta ama de casa al uso.
El aburrimiento y la monotonía la hacía devorar con saña libros y libros de sensualidad, y sexualidad, explicita, imaginándose ser la protagonista de muchos de ellos, e incluso llevando a la práctica alguna de esas pequeñas perversiones, siempre con su marido.

Es por esto que una mañana se presentó en el ático de Mónica sollozando. - ¿Que te ocurre mujer?.- Le preguntaba Mónica mientras Bea no podía parar de llorar.- Te ha pegado tu marido? Se ha ido con otra?
Entre sollozo y sollozo Bea le explico cuál era el motivo de su mal, y es que en una de esas pequeñas perversiones había adquirido unas bolas chinas para fortalecer... Decía. Pero con las prisas y la inexperiencia había introducido el aparato de goma y plástico de manera incorrecta, con la goma que permitía sacar el mismo en la parte superior. Y claro, era imposible de sacar.

Mónica no pudo contener la risa, pero debido a su amistad y que durante los años de esteticien, época en la que trabaron amistas, la había visto desnuda en más de una ocasión.

Fue en ese momento cuando sonó el timbre y una inesperada visita hizo su aparición, Carlos, el médico personal de Mónica y ginecólogo de profesión venía a entregarle unos resultados y "tomar una cerveza".
Mónica convenció a Bea para explicarle su problema y una vez entendido el obligo a desnudarse de cintura para abajo para abajo y recostarse en la cama.

Mientras el realizaba su labor observando primero, palpando después, Mónica acariciaba los hombros a Bea en un intento de relajarla. Ésta, era una mujer sensible que con poco que le hiciera su marido se "entonaba" y pese a los nervios y la vergüenza empezaba a sentir una pequeña excitacion que no paso desapercibida a Mónica, que decidio sacarse la bragas mientras desplazaba sus caricias hacia los pechos de Bea.

Cuando el engendro de goma y plástico estuvo bien asido por los dedos del ginecólogo, y este tiraba de él de dentro a fuera con especial cuidado de rozar todo lo que podia el clitoris de Bea, ésta ya jadeaba de placer y se dejaba hacer mientras que Mónica decidía abalanzarse sobre su sexo sin contemplación ninguna y continuar con la estimulación mas directamente, tanto fue asi que Bea se sumió en un orgasmo que le nublo el juicio y totalmente ofrecida dejo que Mónica introducía sus dedos mientras lamia y succionaba con delicadeza mientras que con la mano libre estimulaba al ginecólogo que se había desnudado. Éste introdujo su enorme miembro en Bea cuando Mónica decidió morder fuertemente el interior del muslo dejandolo marcado con sus dientes y le ofreció su propio sexo para que se sumase al juego que levanto su cabeza para saborear el dulce nectar de Mónica..

- Bea, te encuentras bien?..- la despertó Mónica, te has desmayado.

Mónica le explico como al sacar el aparato había perdido el conocimiento, debido, seguramente a la absoluta vergüenza que había pasado.
El ginecólogo, que ya se había marchado, le había recomendado una crema intima para curar la rojez que le había provocado las polémicas bolas chinas, y descanso.
Bea aun compungida decidió marcharse y seguir las recomendaciones del extraño médico, aun avergonzada tanto por su pequeño incidente como por la onírica fantasía que aun la perseguía.
Una vez llegado a casa, y ya desnuda y tranquila tumbada sobre la cama, decidió darse un pequeño homenaje y así desquitarse del mal trago. Así sus manos acariciaron sus pechos, sus caderas, sus mulos y su sexo sumiéndola en una excitación que culminaría en orgasmo.
Allí se quedó, denuda y dormida totalmente exhausta tumbada sobre la cama. En su muslo todavía se podía ver la rojez de unos dientes marcados.


"Dedicado"

1 comentario:

  1. dichosas bolas chinas Jaja Jaja
    scarlett

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