jueves, 29 de agosto de 2013

Amanecer mojado.


Amanece, un sol radiante entra por el ventanal inundando la habitación de luz y calor. No deseo despertarme, es pronto!! Remoloneo, y vuelvo a cubrirme con la suavidad de la sabana. Hace calor y todavía queda una hora para que el maldito despertador suene.

Me desprendo poco a poco de mi ropa, sin dejar mi posición me deshago de los pantalones del pijama de verano que vuelan por la habitación estrellándose contra el suelo, les siguen las bragas de encaje que me puse ayer para que mi esposo las estrenase. Estaba demasiado cansado, así que me moje las ganas y me quede dormida yo también.

Recordar el calentón de ayer me está excitando e inconscientemente me acaricio el pecho por encima de la camiseta de raso que componía mi pijama. El suave roce sobre mis pezones me excita más todavía y con la otra mano acaricio mis muslos y la pequeña tira de pelo que me deje en forma de perilla en mi última depilación. Me resultaba gracioso ver la cara de mi marido con bigote cuando me realizaba un cunnilingus.

Eso me excita más, y empiezo a acariciar un poco más abajo, notando con mis dedos como me mojo poco a poco hasta tener la mano empapada. Con la palma describo pequeños círculos sobre mi sexo apretando lentamente y soltando mientras me acaricio los pezones con las yemas de los dedos produciendo más excitación.

Lentamente introduzco un dedo en mi vagina concentrándome en la imagen de la boca de mi marido y como introduce su lengua en mi vagina imitando una pequeña penetración cálida y húmeda. Continuo metiendo y sacando el dedo lentamente procurando que mi mano mantenga sobre mi clítoris la presión y restregando con fuerza mientras muevo las caderas acompasando la masturbación.

Mi respiración se hace ajetreada, pellizco mi pezón derecho mientras con mi otra mano introduzco un dedo más en mi vagina y aumento el ritmo de mis caderas para que el roce sea total.

-Me corro!- Musito. Y lo hago, de manera explosiva y lanzando pequeños gemidos de placer mientras noto como mi mano se inunda de mí y el pálpito de mi sexo trasmite el código morse de mis latidos a mis dedos. 

Me he permitido el lujo de grabar con mi móvil toda la escena, en primera persona enfocando mi sexo y mi mano y dejando que mis gemidos queden registrados en un pequeño video que voy a enviar a mi marido.

Espero esta vez no equivocarme de móvil y acabe de nuevo en manos de algún conocido que no debería verlo.

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