lunes, 12 de agosto de 2013

La Pastilla.

La suave piel aterciopelada de sus nalgas me produce escalofríos, mientras la acaricio y deslizo sus bragas hasta que tocan el suelo mientras ella arrastra su lengua por mi cuello murmurando palabras sucias con las que llena mi mente mientras mi pene se hace cada vez más y más grande. Meto mi mano entre sus piernas deslizando mi dedo índice hacía en interior de su húmeda vagina, me excita muchísimo que se depile del todo para mí, me excita más aun notar su cada mayor humedad. Recorro con mis dedos su pequeña apertura mientras encamino mi exploración por su vientre, sus pechos para que mi mojado dedo acabe en su boca y sea saboreado con ansia y hambre.

Ella se arrodilla ante mí desabrochando mis pantalones, dejando fuera mi ya chorreante pene. Lo introduce en su boca lamiendo mi glande, recorriendo con su lengua todo él y succionándolo. Introduce mi pene en su boca arrastrando sus labios hasta que todo el queda enteramente en su boca, puedo notar su garganta. Sacándolo de la boca lo sujeta con ambas manos mientras los restriega por su cara y lo lame desde la  base hasta la punta.

Me tumba en la cama, desnudo, con mi pene formando ante ella y se coloca de cuclillas dejando su espectacular vagina a la altura de mi pene, para introducirlo lentamente en ella. La sensación es fantástica, suave y húmeda, cálida... No puedo contenerme y acabo corriéndome en su interior en el primer meneo de caderas. Pero mi pene sigue en pie por lo que ella puede seguir con su ajetreada cabalgadura meneando las caderas adelante y atrás, moviéndose en circules llevándome a las más altas esferas de placer mientras su preciosa vagina llena de efluvios femeninos mi pene y mis piernas dejándolo todo encharcado.

Sé que está sufriendo otro orgasmo porque cuando lo hace grita entusiasmada mientras cierra los ojos y abre la boca desmesuradamente. Sus pechos botan incesantemente ante mis ojos y de vez en cuando me permite lamerlos en una de sus idas y venidas.

Vuelvo a tener otro orgasmo, es increíblemente placentero, pero mi pene no desea terminar y continúa inagotablemente tieso en su interior mientras continua moviendo su cadera y vuelve una vez más a correrse encima de mí.

Pasan los minutos y el efecto de la pastilla que me ha dado hace una hora va desapareciendo, mi pene vuelve a estar en reposo más colorado que antes. Un escalofrió recorre mis piernas debido a la constante y salvaje fuerza que ejercían sus glúteos sobre ellas. Ahora estoy cansado mientras ella yace encima mía jadeante y exhausta..

Observo mientras voy quedándome dormido como la luz del sol acaricia su piel y deja al contra luz montañas aterciopeladas. Alargo mi mano a la mesilla cogiendo otra pastilla y junto al vaso de agua la llevo a mi boca. Son treinta minutos, así que toca esperar.

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