lunes, 19 de agosto de 2013

La publicación


El enorme despacho horriblemente decorado con elementos que parecían sacados de una vieja película de novela negra se le hacía pequeño, sus paredes empapeladas con terribles motivos de negras filigranas contra un color pastel parecían apretarse poco a poco aumentando el sentimiento de agobio.

Él, sentado tras una enorme mesa caoba movía sus ojos línea tras línea, hoja tras hoja, del montón de folios que suponían todas las esperanzas de Mónica. De vez en cuando enarcaba una ceja y miraba de soslayo a la autora.

La espera, horrorosa, se hizo interminable y por fin con un gesto meticuloso reordeno los folios amontonándolos sobre la mesa y encuadrando el desorden con los dedos durante unos largos segundos.

-Esto, Mónica, es una verdadera mierda. Lo sabes verdad?- Sentencio por fin, mirando desde la penumbra que le proporcionaba la prominente frente con unos ojos muertos y vacíos de aquel que ha gastado todo su brillo entre un millar de líneas. -Pese a eso lo voy a publicar, porque sé que vas a vender miles de ejemplares, ademas él me lo ha ordenado. El tirón mediático que te dio aquella entrevista en ese programucho horrible de vanalidades nos ha venido de perlas y hará que una jauría de amas de casa con unas vidas sexuales totalmente aburridas se lancen como hienas a comprar la pornografía que has escrito. Pero no lo dudes querida amiga, y te lo digo desde lo más hondo de mi corazón, lo que has escrito es una verdadera basura.

Sabía que decía la verdad, jamás le había mentido y sus consejos siempre habían sido acertados. Pese a sus palabras se fue contenta, ya que le había adelantado un dinero que le vendría bien para las reformas del apartamento, además quería comprarse unos zapatos totalmente fascinantes que había estado viendo en una boutique de su barrio y que tenían un precio disparatado, pero quedarían preciosos en sus pies en la fiesta del estreno de la disco esa misma noche.

No pudiendo evitarlo recorrió con gracia el paseo que separaba su casa de la oficina de su editor contoneando las caderas y dejando que la minúscula falda volase dejando ver de vez en cuando sus preciosas braguitas rosas obligando a los hombres a girarse al verla pasar.

Al día siguiente su libro ya estaba en los quioscos: Término Prohibido ya empezaba a ser la lectura de muchas mujeres.... Que gran sorpresa se iban a dar aquellas amas de casa mojigatas, que gran sorpresa.

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